
La Agencia Internacional de Energía (IEA) sorprendió hoy al publicar un informe que contradice el optimismo de años anteriores sobre la transición energética global. Según el estudio titulado World Energy Outlook 2025, bajo las políticas vigentes, la demanda mundial de petróleo podría alcanzar los 113 millones de barriles diarios para 2050, lo que supone un incremento del 13 % respecto a 2024.
El documento, presentado desde París, sostiene que el mundo no está logrando desacoplar el crecimiento económico del consumo energético fósil, y que las medidas implementadas por los principales países emisores resultan insuficientes para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. En otras palabras, mientras la tecnología avanza, las emisiones también.
Fatih Birol, director ejecutivo de la IEA, advirtió que “el progreso en energías limpias es real, pero demasiado lento frente al aumento de la demanda global”. Añadió que las economías emergentes —en particular las de Asia, África y América Latina— son las más difíciles de reconvertir debido a su dependencia estructural del gas y del carbón para sostener la industrialización y el crecimiento urbano.
El informe explica que, si se mantienen las políticas actuales, las emisiones globales de CO₂ seguirán creciendo al menos hasta 2035, y que el descenso significativo no se produciría antes de 2040, un escenario que pondría al planeta en rumbo a superar los 2,5 °C de calentamiento global para fin de siglo.
Entre los factores que obstaculizan la transición energética, la IEA menciona la falta de infraestructura para el transporte eléctrico, los altos costos de almacenamiento de energía solar y eólica, y la persistencia de subsidios estatales a los combustibles fósiles, que en 2024 alcanzaron un récord de 1,3 billones de dólares a nivel global.
Además, Birol señaló que “la crisis energética de 2022 dejó cicatrices profundas en la planificación de los gobiernos, que aún temen depender excesivamente de fuentes renovables por su volatilidad”. En consecuencia, muchos países han optado por ampliar sus reservas de petróleo y gas como “colchón estratégico”, un movimiento que —según los expertos— retrasa los cambios estructurales necesarios.
Aun así, el informe subraya algunos signos positivos: la inversión mundial en energía solar y eólica alcanzó los USD 1,8 billones en 2025, superando por primera vez la inversión combinada en carbón, petróleo y gas. Además, el número de vehículos eléctricos vendidos en el mundo aumentó un 43 % en comparación con 2024, con China, Estados Unidos y la Unión Europea liderando el mercado.
No obstante, la IEA insiste en que los esfuerzos no son homogéneos: mientras Europa acelera su transición, regiones como Oriente Medio y África siguen dependiendo casi por completo de las exportaciones fósiles para sostener sus economías. Esto genera un dilema geopolítico que podría intensificarse en las próximas décadas.
En conclusión, el informe deja un mensaje claro: si la humanidad quiere evitar un colapso climático, necesita duplicar la inversión en energías limpias antes de 2030 y eliminar progresivamente los subsidios a los combustibles fósiles. De no hacerlo, la ventana de oportunidad para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C “podría cerrarse definitivamente antes de 2035”.

